La Imprenta en Aragón . De sus orígenes a la actualidad.

Aunque ya los romanos 400 años a.C. utilizaban moldes de arcilla y los chinos en el siglo XI utilizaban piezas de porcelana para hacer reproducciones, en Europa, durante la baja edad media se utilizaba la xilografía para imprimir carteles y panfletos.

Desde que a mediados del siglo XI (1041-1448) se inventaron los caracteres móviles en China, se inicia una auténtica carrera para abordar el negocio de la edición de libros, de una manera mecánica que facilitara la multiplicación de las ediciones, lejos de las cantidades de copistas que en todo el mundo trabajaban en la “impresión”.

A mitad del S XIV el negocio de la edición de libros estaba soportado por decenas de copistas que eran empleados por los editores para “multiplicar” el quehacer de la impresión y poder realizar varios ejemplares de cada libro que se editaba.

A mitad del S XV, Gutenberg pone en funcionamiento el invento de los tipos móviles con el que es capaz de imprimir mecánicamente libros de cientos de páginas en tiradas de 100 ejemplares, labor que hasta esa fecha se hacía de uno en uno, en plan amanuense, caligrafiando el texto por copistas especializados.

Johannes Gutenberg nació hace aproximadamente 620 años en Maguncia, bajo el nombre de Henne Gensfleisch zur Laden. En aquella época los nombres eran atribuidos en función de los bienes que poseía la familia. Una parte de la vida de Gutenberg permanece en sombra debido a la escasez de documentos escritos. El padre de Gutenberg, Friele Gensflisch provenía de una familia de patricios de Magunzia y su madre, Else Wirich de una familia de comerciantes. Aun cuando su apellido real es Genfleisch, cuya traducción del dialecto alemán de Renania se relacionaría con “carne de ganso”, el inventor de la imprenta moderna decidió usar el apellido Gutenberg.

Anteriormente al invento de la imprenta, los libros y documentos se producían realizando copias manuscritas, en la mayor parte de las ocasiones por monjes, resultando ser un trabajo lento y arduo. En la baja edad media en Europa se utilizaba la xilografía, en una tabla de madera un artesano grababa las palabras o dibujos que tenían que reproducirse. El trabajo era muy laborioso y si se desgastaba algún trozo o cambiaba parte del contenido había que volver a repetir el molde completo.

El avance tuvo lugar en el siglo XV, mejorando así la impresión de libros a gran escala. El éxito del invento está en que consigue fundir tipos de cada uno de los caracteres del alfabeto a imagen y semejanza de los empleados por los copistas y diferenciando unos de otros en cada una de las letras, consiguiendo así el efecto de estar realizados por maestros copistas. En 1452 se inicia la impresión de la obra más importante en el mundo de la impresión, la “Biblia de 42 líneas” o “Biblia de Gutenberg”, marcando el inicio de la Edad de la Imprenta. En 1455 Gutenberg está a punto de acabar las 150 biblias comprometidas, pero Fust no quiere ampliarle el plazo del crédito y acaba quedándose con los derechos del negocio. Al frente de la imprenta puso a su sobrino Peter Schöffer, que había trabajado como aprendiz de Gutenberg y conocía los secretos del invento de la imprenta.

Johannes Gutenberg acabó quedándose en la ruina y viéndose obligado a revelar a otras imprentas su invento.

De la “Biblia de 42 líneas” (llamada así por el número de líneas impresas en cada página) se produjeron 180 ejemplares (45 en pergamino y 135 en papel), una gran cantidad de libros impresos por aquel entonces, recibiendo la denominación de incunables, denominación que reciben todos los libros impresos antes del 1 de enero de 1501.

Una vez asentado y perfeccionado el sistema de Johannes Gutenberg fue cuestión de tiempo y mejora tecnológica del invento el que se popularizase y se extendiese por todo Europa para hacer posible la tirada de múltiples ejemplares, con la posibilidad de corregir pruebas y efectuar importantes tiradas en plazos nunca hasta entonces pensados.

Debido a la destrucción de la ciudad de Mainz, la imprenta se traslada por toda Europa y llega a España entre 1465-1470 desde Italia, pero los primeros impresores fueron alemanes. Italia fue el país que se situó por delante de Alemania en este tipo de actividad, siendo las principales ciudades de producción Florencia, Milán y Venecia. Países como Francia e Inglaterra dependían de las ediciones italianas.

En Bruselas hubo también actividad en la impresión, pero principalmente para abastecer a la ciudad de Amberes y a sus clientes: comerciantes y burgueses que acabaron imprimiendo para exportar obras de origen británico.

La primera obra impresa tuvo lugar en Segovia por Juan Parx de Heidelberg con la obra El Sinodal de la Aguilafuente, en 1472. Este primer libro impreso contiene documentos y actas sobre asuntos relacionados con la reforma del clero.

Valencia es, junto con Segovia, de las primeras ciudades que trabaja con la imprenta, ya que se consideraba como una de las principales ciudades en cuanto a cultura y reconocimiento europeo.

La primera imprenta de Valencia la formó un comerciante alemán, Jacobo Vitzlán, cerca del Portal de la Valldigna. En su taller imprimió el primer libro literario en valenciano: Troves en Lahors de la Verge María.

Es durante el reinado de Juan II cuando sabemos de la existencia  de la primera obra impresa conocida en Zaragoza. Es el Manipulus Curatorum, impreso por Mateo Flandro, una guía del cura párroco Guido de Monterotherio en 1475, escrita en Teruel en 1333 y dedicada al obispo de Valencia.

Zaragoza es la ciudad española donde se ha estudiado con más detenimiento el arte tipográfico debido a su auge en la imprenta aún en la época de decadencia, lo que unido a la existencia de varios molinos papeleros hacen posible el nacimiento y desarrollo de la imprenta.

En España han existido grandes impresores, pero durante el S XVIII el más importante fue D. Joaquín Ibarra y Marín, auténtico baluarte de nuestro Patrimonio Nacional, nacido en Zaragoza en 1709 y que fue nombrado Impresor de la Real Academia Española y también fue Impresor Real de Carlos III.

De la misma forma que a impresores internacionales como Didot, Bodoni, Garamond, Baskerville o Caslon se les haya reconocido su labor dando su nombre a las tipografías creadas por ellos, (algunas de ellas son de las más usadas en la actualidad) al impresor Joaquín Ibarra y Marín se le ha recuperado su tipografía, gracias a un meritorio trabajo del Departamento de Ingeniería Eléctrica e Informática de la Universidad de Zaragoza.

Para hablar de la historia de la imprenta y de cómo surge, debemos contar también un poco sobre la historia de cómo apareció el papel, el elemento fundamental para que una imprenta funcione. Hay que decir,  brevemente, que el papel fue creado por Cai Lun en China en el siglo II a.C., a partir de fibras de bambú, cuerdas y trapos y se dice que era utilizado desde el año 153. El siguiente paso fue en Japón y Asia Central. A España llegó gracias a los árabes en el siglo X y se extendió a Italia y Francia. En latín se denominaba papyrus, los valencianos (ya en 1056 en Xàtiva había un molino papelero) y catalanes lo denominaban “paper” y posteriormente el castellano “papel”.

Actualmente imprimir un libro no resulta tan complejo como antaño: tenemos que tener claro cuáles son los tipos de papel que podemos encontrar y sus diferencias, ya que cada tipo de acabado se ajustará más o menos a nuestras necesidades y preferencias; cualquier persona puede imprimir un libro, ya sea a gran escala o solo como hobby: imprimir es sencillo; actualmente recurrimos a la impresión offset para los grandes pedidos y a la impresión digital para tiradas cortas, ediciones personales o urgencias.

Para la composición de textos los tipos móviles han sido sustituidos por sistemas de composición por ordenador, agilizando el proceso de una manera extraordinaria y poniendo la edición de libros al alcance de cualquier persona.

Si lo que queremos imprimir es un libro, podemos encontrar papeles como: couché maté, couché brillo, offset blanco, ahuesado y/o reciclado. El papel más utilizado para la impresión de libros de lectura, relatos, ensayos…es el offset blanco o ahuesado de 90 gramos. Para libros de fotografía o de imágenes un papel couché (estucado) mate de 135 gramos sería muy aconsejable, ya que las imágenes no se “transparentan”, dando un acabado fino y profesional.

También se imprimen, por diferentes técnicas, telas, plásticos, cartón, envases de todo tipo, y cualquier soporte con cualquiera de los múltiples sistemas de impresión que conviven en la actualidad en el entorno gráfico, tanto en rígido como en flexible y en pliego o bobina.

Y como siempre ha sido, Aragón continúa marchando a la cabeza de la industria gráfica de España liderándola en deseo de prestar la mejor calidad en cada momento con un servicio inigualable.